En nuestro país el culto a los muertos es muy antiguo, lo sabemos por las tumbas prehispánicas que se han descubierto, unas son muy sencillas y otras muy ricas y suntuosas, pero en todas ellas se han encontrado objetos personales del difunto.

Después de la llegada de los españoles, sus creencias se fundieron con las nuestras dando origen a la tradición que conocemos.

Existe la creencia de que ese día los difuntos obtienen permiso para visitar a sus seres queridos que aún viven, los cuales se preparan para recibirlos, adornan sus tumbas y preparan altares con comida, bebida, objetos simbólicos y predilectos del difunto, y así entre risas y llantos, el mexicano honra a sus difuntos, burlándose de la muerte a la que llaman la calaca, la llorona, la pelona, tía de las muchachas, huesuda, tilica y flaca.

En el altar de muertos no debe faltar la representación de los cuatro elementos de la naturaleza.

  1. Tierra. Representada por recipientes de barro, flores y frutos.
  2. Viento. Por algo que se mueva como el papel china picado
    (la variedad de colores representa la alegría de vivir).
  3. Agua. Un vaso de agua para que las ánimas del purgatorio calmen la sed.
  4. Fuego. Una vela o veladora por cada persona que se recuerda.

Además la Sal que purifica el alma, copal, incienso y anafre con hierbas de olor para que las ánimas se guíen por el olfato, flor de cempasúchil que se coloca desde la puerta hasta el altar para indicar el camino.









 
   
   
   
       
   
 
 
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